Alejandro Rebolledo sigue como preso político en Caracas

El jurista venezolano, Alejandro Rebolledo lleva más de 1 año y 25 días preso injustamente sin justicia ni respeto a sus derechos humanos en El Helicoide en Caracas al enfrentar una orden de aprehensión por un tribunal en Venezuela. La detención se vincula a su juramentación como Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en 2017.

Rebolledo tiene más de un año completo sin justicia, sin pruebas, sin proceso claro, solo silencio y el dolor de una familia que cada día se levanta sin saber cuándo habrá un estado de derecho. Hoy la justicia le dio la espalda a un hombre que dedicó su existencia a defender la verdad como experto número uno en la lucha contra el crimen organizado y en la prevención del lavado de dinero tanto nacional como internacional, denunciando redes criminales y alertando sobre los peligros de la delincuencia organizada transnacional.

Aunque Rebolledo se presentó voluntariamente ante los tribunales para resolver su situación jurídica, fue inmediatamente detenido en El Heicoide en Caracas, subrayando la alta sensibilidad política de su caso y la vulnerabilidad a la que está sometido, a pesar de su perfil internacional de una larga trayectoria profesional como jurista y conocedor de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Alejandro Rebolledo es abogado penalista y experto en crimen organizado, con Magister y doctorado en la Universidad Santa María y Magister en Criminalista, Mención Cum Laude, en el Instituto Universitario de Policía Científica (IUPOLC), ha sido un abogado muy activo denunciando la corrupción y el lavado de dinero a nivel internacional, incluyendo la obtención de un Récord Guinness por una clase sobre el tema, impulsando el intercambio de conocimientos, estrategias y experiencias para enfrentar dichos delitos, a través de la realización periódica de 15 Conferencias Internacionales Antilavado de Dinero y contra el Financiamiento al Terrorismo, Contra el Riesgo y El Fraude, por lo que su detención es interpretada por defensores de derechos humanos como un acto de injusticia.

Alejandro continúa preso, pero su espiritu y dedicación profesional no están presos. Porque mientras alguien lo recuerde, mientras alguien diga su nombre, Alejandro sigue vivo con la fe puesta en su libertad.

elespectadordecaracas

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