Alejandro Rebolledo: Cuando el crimen organizado va un paso adelante

Dr. Alejandro Rebolledo. Experto en Prevención de Crimen Organizado y Cumplimiento. Especialista en Lavado de Activos y Riesgos Estratégicos-

El 2025 nos deja una advertencia que no deberíamos ignorar: el lavado de activos en América Latina ya no es un fenómeno marginal ni improvisado. Es sofisticado, transnacional y profundamente profesional. El Informe de Tipologías Regionales de LA/FT 2025 del GAFILAT —disponible en https://www.gafilat.org, no solo describe patrones; confirma algo que quienes trabajamos en prevención del crimen organizado vemos desde hace años: las organizaciones criminales piensan, planifican y se adaptan más rápido que muchos sistemas de control.

Hoy el delito no actúa al azar. Diseña estructuras, utiliza tecnología, se apoya en profesionales especializados y aprovecha debilidades regulatorias para darle apariencia de legalidad a recursos ilícitos. Frente a esto, la pregunta no es si el sistema necesita cambiar, sino qué tan rápido está dispuesto a hacerlo.

La estructura societaria como refugio del delito

El uso indebido de personas jurídicas sigue siendo la tipología dominante. Empresas de fachada, empresas pantalla y sociedades ficticias se han convertido en el escudo perfecto para ocultar beneficiarios finales, mezclar fondos lícitos e ilícitos y simular operaciones comerciales que solo existen en documentos.

Lo más preocupante no es la sofisticación del esquema, sino su recurrencia. Corrupción, narcotráfico, minería ilegal, fraude fiscal y estafas comparten un mismo patrón: estructuras legales vacías de contenido real, muchas veces ancladas en jurisdicciones con baja transparencia. El riesgo no está solo en la empresa, sino en sistemas de control que siguen conformándose con requisitos meramente formales.

Testaferros, cuentas mulas y la invisibilidad del verdadero dueño

Otra constante es el uso de terceros para ocultar al beneficiario final. Familiares, empleados, personas vulnerables o reclutadas por redes sociales terminan prestando su nombre, sus cuentas o su identidad patrimonial. No deciden, no controlan, pero figuran.

Este mecanismo atraviesa todas las etapas del lavado y se vuelve especialmente difícil de detectar cuando se combina con medios digitales y activos virtuales. El resultado es un beneficiario final cada vez más distante, más protegido y menos visible para los sistemas tradicionales de control.

El pitufeo no murió: simplemente se adaptó

El fraccionamiento de operaciones sigue vivo. Depósitos pequeños, transferencias reiteradas, múltiples cuentas y canales financieros construyen una falsa normalidad que engaña a sistemas mal calibrados o fragmentados.

Aunque el sistema financiero continúa siendo el canal principal, el delito se apoya cada vez más en plataformas digitales y corresponsales no bancarios. El problema no es la técnica —conocida desde hace décadas— sino la falta de una visión integral del cliente y de sus operaciones.

Comercio exterior: el disfraz perfecto

El lavado basado en el comercio exterior continúa siendo una de las tipologías más complejas y, a la vez, más eficaces. Sobrefacturación, subfacturación, exportaciones ficticias y triangulación comercial permiten separar el dinero de su origen delictivo con una apariencia legítima difícil de cuestionar.

Aquí confluyen empresas de fachada, intermediarios logísticos y financieros, y documentos que “cierran” desde lo formal, pero no desde lo económico. Las debilidades en los controles aduaneros y en los precios de referencia siguen siendo una puerta abierta.

Activos virtuales: velocidad y anonimato como ventaja criminal

Los activos virtuales dejaron de ser una novedad. Hoy forman parte estructural de muchos esquemas de lavado. Billeteras múltiples, plataformas P2P, PSAV no regulados y servicios DeFi permiten mover valor a gran velocidad y perder trazabilidad con facilidad.

Luego, ese dinero reaparece en inmuebles, bienes de lujo o negocios aparentemente legítimos. El ciclo se cierra, mientras los marcos regulatorios y la supervisión tecnológica siguen avanzando con lentitud.

Gatekeepers: cuando el delito se vuelve profesional

Quizás una de las conclusiones más incómodas del informe es el papel de los gatekeepers. Abogados, contadores, notarios y profesionales financieros que no solo facilitan, sino que diseñan y sostienen esquemas de lavado.

Su participación aporta legitimidad, reduce riesgos para el beneficiario final y permite que las estructuras sobrevivan en el tiempo. Aquí el problema no es solo legal; es ético y sistémico. La confianza profesional se ha convertido, en algunos casos, en una herramienta del delito.

El Informe de Tipologías 2025 del GAFILAT confirma una realidad innegable: el lavado de activos en la región es estructural, adaptable y altamente especializado. Frente a esto, el cumplimiento formal ya no alcanza.

Se necesita un enfoque de riesgo real, cooperación público–privada efectiva, tecnología aplicada con inteligencia, persecución autónoma del delito de lavado y, sobre todo, responsabilidad clara de quienes facilitan estas estructuras desde posiciones de confianza.

Prevenir el crimen organizado hoy no es reaccionar. Es anticiparse, comprender las tipologías y cerrar, sin excusas, los espacios que el sistema todavía permite.

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