Hay colectivos que son especialmente vulnerables a determinados fraudes online. Nuestros mayores se encuentran en el foco, ya que forman parte de un colectivo que suele ser especialmente atractivo para los ciberdelincuentes, dado que tienen mayores recursos económicos por la capacidad de ahorro desarrollada a lo largo de su vida.
Según el último Informe sobre la Cibercriminalidad en España (Abrir en ventana nueva) publicado por el Ministerio del Interior, en torno al 95 % de los delitos denunciados por mayores de 65 años son fraudes informáticos. Es el grupo de edad con mayor incidencia en este sentido.
Dentro de este tipo de delitos, hay algunos especialmente dañinos. En concreto, los fraudes financieros a séniors son la puerta de entrada a dos tipos de robos, los de dinero y los de datos personales, que pueden causar problemas muy serios.
Fraudes financieros a séniors: inversiones online y estafas bancarias
Tal y como advierte el INCIBE (Abrir en ventana nueva), la creciente popularidad de las inversiones online ha atraído a estafadores que buscan aprovecharse de inversores desprevenidos y las personas mayores son especialmente vulnerables a ellos.
La razón es muy sencilla: según señala el INCIBE, muchos séniors tienden a confiar en la buena fe de los demás y desconocen cómo operan estos fraudes financieros.
De hecho, los datos del Ministerio del Interior apuntan que los mayores de 65 años son el segundo grupo de edad que más sufre estafas a inversores (Abrir en ventana nueva), solo por detrás del grupo de 51 a 65 años. Con todo, son víctimas de un mayor número de estafas bancarias (por ejemplo, mediante suplantaciones de entidades legítimas), aunque no se encuentran entre los grupos de edad más afectados por ese tipo concreto de delitos.
Entre los fraudes financieros a inversores más comunes encontramos desde estafas piramidales a fraudes con criptomonedas o tácticas engañosas en redes sociales: chiringuitos financieros, esquemas Ponzi, fraudes relacionados con cuentas de trading y formaciones o incluso supuestos influencers financieros que difunden rumores falsos para obtener ganancias a costa de inversores desprevenidos.
Por su parte, las estafas bancarias suelen estar vinculadas a la suplantación de identidad de entidades autorizadas y técnicas de phishing (junto a variantes de vishing y smishing) para conseguir credenciales o incluso engañar a la víctima para que realice operaciones bancarias a petición del estafador.
Todas estas estafas no solo exponen especialmente a las personas mayores a la desaparición de su dinero, sino también a la suplantación de su identidad tanto para cometer delitos en su nombre como para acceder a sus productos bancarios sin permiso.
Para llegar a sus víctimas, los estafadores suelen utilizar anuncios con publicidad engañosa de inversiones que garantizan grandes retornos, grupos y mensajes directos en WhatsApp o Telegram, mensajes SMS o incluso llamadas telefónicas haciéndose pasar por representantes de bancos.
Cómo funcionan los fraudes a personas mayores paso a paso
Normalmente, este tipo de fraudes tiene tres elementos principales en común:
- Atracción inicial y creación de confianza: por un lado, pueden utilizar en sus comunicaciones logotipos, nombres y sitios web que imitan los de empresas legítimas. También se pueden presentar como asesores financieros o representantes de supuestas empresas de inversión ofreciendo atención personalizada.
- Promesas de elevados rendimientos y ganchos tentadores: para atraer a las víctimas, suelen garantizar retornos elevados y rápidos. Incluso llegan a compartir testimonios falsos de personas que supuestamente han obtenido beneficios extraordinarios.
- Manipulación emocional y presión temporal: suele mediar una oferta por tiempo limitado que requiere respuesta inmediata. El objetivo es que la víctima no tenga la oportunidad de pararse a pensar para descubrir el fraude. También hay estafadores que cultivan una relación de confianza con ella durante un tiempo antes de pedirle dinero.
A partir de ahí, puede haber variaciones en las que se llegan a ofrecer ganancias falsas en un principio para generar sensación de confianza en la víctima. Para esto, suelen facilitar acceso a una plataforma web o una app falsa en la que la víctima puede seguir la supuesta inversión.
También pueden pedir datos personales sensibles, desde números de cuentas bancarias a contraseñas o copias del DNI, para utilizarlos después en transacciones no autorizadas o en la comisión de delitos.
Además, suelen ofrecer descargar programas de control remoto en los dispositivos de las víctimas. Estas se suelen percatar de que se trata de un engaño cuando intenta recuperar el dinero. En ese momento, suelen pedir pagos adicionales.
Una vez conseguido su objetivo, los estafadores desaparecen sin dejar rastro y los servicios dejan de estar operativos.
Cómo detectar un posible fraude financiero o suplantación de identidad
La prevención es la mejor manera de evitar caer en estos engaños. Teniendo esto en cuenta, proteger a los séniors de este tipo de fraudes financieros a los que son especialmente vulnerables pasa por informarles de algunas señales de alerta ante las que siempre deben sospechar:


