El uso de criptomonedas en actividades ilícitas aumentó significativamente en 2025. Según datos del capítulo introductorio del Informe de Delitos Criptográficos 2026 de Chainalysis, las direcciones identificadas como ilícitas recibieron al menos US$145,9 millones en criptoactivos a lo largo del año, lo que representa un aumento del 155% en comparación con 2024.
Gran parte de este crecimiento se debe a una tendencia específica: un aumento del 656 % en el volumen de transacciones realizadas por entidades sujetas a sanciones internacionales, lo que pone de relieve una intensificación del uso de activos digitales para evadir sanciones a escala mundial. El informe también destaca que estas cifras representan una estimación conservadora, basada únicamente en las direcciones ya identificadas, pero que, aun así, las transacciones ilícitas aún representan menos del 1 % del volumen total del ecosistema criptográfico.
Los Estados están dando forma a la nueva fase del crimen en cadena.
El escenario de 2025 marca un punto de inflexión importante: los actores estatales y los grupos alineados con los gobiernos han pasado a ocupar un espacio central en el ecosistema ilícito en cadena, operando tanto a través de infraestructuras criminales existentes como a través de sus propias redes, diseñadas para eludir las restricciones económicas y financieras.
Entre los episodios que ayudan a ilustrar este cambio están:
Los ataques, atribuidos a hackers vinculados a Corea del Norte, fueron responsables del robo de aproximadamente 2 millones de dólares en criptomonedas en 2025. Ese año estuvo marcado por operaciones a gran escala, incluido un único robo de aproximadamente 1,5 millones de dólares, el más grande jamás registrado en el sector.
El lanzamiento, por parte de Rusia, del token A7A5 respaldado en rublos en febrero de 2025. En menos de un año, el activo movió más de US$ 88,7 millones, siendo utilizado como instrumento para facilitar la evasión de sanciones a través de blockchain.
Las actividades de redes alineadas con Irán, que movieron más de US$2 millones en criptomonedas para permitir esquemas de lavado de dinero, comercio ilícito de petróleo y la adquisición de armas y materias primas, desde billeteras confirmadas en designaciones de sanciones.
Este conjunto de acontecimientos demuestra cómo el delito relacionado con las criptomonedas ha dejado de ser simplemente una cuestión de cumplimiento financiero y ha adquirido claras dimensiones geopolíticas y de seguridad nacional.
Las monedas estables representan la mayoría de las transacciones ilícitas.
Otra transformación relevante observada en 2025 se refiere al perfil de los activos utilizados en actividades ilegales. Las stablecoins llegaron a representar el 88% del volumen total asociado a direcciones ilícitas, consolidándose como el principal medio de movimiento de fondos en el ecosistema criminal.
Este avance sigue una tendencia más amplia en el propio mercado de criptomonedas, donde las monedas estables están ganando terreno debido a características como menor volatilidad, alta liquidez y facilidad de transferencia internacional, atributos que también son explotados por redes ilícitas.
Las redes chinas de lavado de dinero ganan prominencia.
El informe también identifica la consolidación de las llamadas Redes Chinas de Lavado de Dinero (CMLN, por sus siglas en inglés) como uno de los fenómenos centrales de la delincuencia en cadena en 2025. Estas organizaciones han comenzado a operar como verdaderas plataformas de servicios para la delincuencia, ofreciendo desde lavado de dinero como servicio (Lavado de Dinero como Servicio – LAAS, por sus siglas en inglés) hasta soporte operativo para:
estafas y fraudes digitales;.
La expansión de estas redes pone de relieve una nueva etapa de profesionalización y diversificación del delito de criptomonedas, con estructuras cada vez más robustas y resilientes.
La infraestructura técnica sustenta los delitos digitales y las acciones gubernamentales.
Incluso con la participación más visible de actores estatales, los ciberdelitos tradicionales siguen plenamente activos. Grupos de ransomware, mercados ilegales, distribuidores de malware y estafadores siguen dependiendo de un grupo especializado de proveedores de infraestructura ilícita.
Esta infraestructura incluye servicios de alojamiento resistentes a las intrusiones, registradores de dominios diseñados para operaciones de alto riesgo y plataformas técnicas desarrolladas para resistir sanciones, investigaciones y acciones represivas. Para 2025, esta misma base comenzó a prestar servicios no solo a delincuentes financieros, sino también a operaciones alineadas con intereses estatales.
Cuando el crimen digital se encuentra con la violencia física.
Una de las advertencias más contundentes del estudio es la creciente intersección entre las actividades en cadena y los delitos violentos. Las redes de trata de personas recurren cada vez más a las criptomonedas, mientras que se multiplican los informes de coerción física, en los que las víctimas son atacadas para forzar la transferencia de activos digitales, a menudo durante periodos de precios altos.
Este fenómeno refuerza la idea de que el impacto de los delitos con criptomonedas se extiende más allá del entorno virtual, afectando directamente la seguridad de las personas.
Los datos de 2025 apuntan a un entorno delictivo de criptomonedas más sofisticado y profesionalizado, cada vez más vinculado a dinámicas geopolíticas. Los principales desafíos para 2026 incluyen la identificación de patrones en cadena vinculados a la evasión de sanciones; el debilitamiento de la infraestructura técnica que sustenta las operaciones ilícitas; y el aumento de la cooperación entre empresas, autoridades y fuerzas del orden.


