Por: Alejandro Rebolledo
Durante años he escuchado la misma frase en empresas, bancos y organizaciones de distintos países:
«Lo revisamos en la lista y no apareció nada».
Cada vez que escucho eso, me hago la misma pregunta:
¿Y quién dijo que el riesgo tiene la obligación de aparecer en una lista?
La reciente decisión de la OFAC de eliminar decenas de registros de la Lista SDN no es una noticia administrativa ni un simple proceso de actualización.
Es un mensaje.
Y quien no lo entienda corre el riesgo de quedarse analizando un mundo que ya cambió.
Muchos creen que la noticia consiste en saber quién salió de la lista.
Yo creo que la noticia es otra.
La noticia es que Estados Unidos está reconociendo algo que quienes investigamos estructuras criminales conocemos desde hace años:
Los nombres cambian. Las estructuras permanecen.
Durante buena parte de mi carrera he visto organizaciones criminales esconderse detrás de empresas aparentemente normales, contratos aparentemente normales y personas aparentemente normales.
Algunas ni siquiera tenían antecedentes.
Algunas jamás habían sido sancionadas.
Algunas nunca aparecieron en una lista.
Sin embargo, detrás de ellas existían mecanismos de lavado de dinero, corrupción, fraude o criminalidad organizada perfectamente estructurados.
Por eso siempre he sostenido una idea sencilla:
Seguir el dinero suele ser más útil que seguir los discursos.
Recuerdo una oportunidad en la que un organismo de inteligencia me pidió ayuda para identificar quién estaba detrás de una compleja operación de lavado de dinero.
Cuando revisé el expediente llegué rápidamente a una conclusión.
Les dije:
—El problema está en el contador.
La respuesta fue inmediata.
—Ya hablamos con él.
Volvió a revisar la documentación.
Las inconsistencias eran evidentes.
Había una doble contabilidad cuidadosamente construida para ocultar movimientos financieros y dar apariencia de legalidad a operaciones que no la tenían.
Les respondí:
—Vuelvan a hablar con él.
El tiempo confirmó lo que los números ya mostraban.
La organización era enorme.
Pero quien entendía cómo mover, ocultar y justificar el dinero era precisamente quien manejaba las cifras.
Aquella experiencia reforzó una lección que nunca he olvidado:
El papel aguanta cualquier historia. Los números no.
Por eso considero que la decisión de la OFAC tiene un valor mucho mayor que una simple depuración de registros.
Lo que está diciendo es que el futuro del cumplimiento no puede depender exclusivamente de nombres.
Dependerá cada vez más de comprender:
- Quién controla una empresa.
- Quién toma realmente las decisiones.
- Quién recibe los beneficios.
- Quién mueve el dinero.
- Quién permanece oculto detrás de la estructura.
La realidad es que muchos programas de compliance siguen funcionando como si estuviéramos en el año 2005.
Revisan listas.
Generan reportes.
Archivan documentos.
Y creen que el trabajo terminó.
Pero el crimen organizado evolucionó.
Las estructuras criminales modernas utilizan redes corporativas, beneficiarios finales ocultos, jurisdicciones múltiples, activos digitales y mecanismos cada vez más sofisticados para reducir su exposición.
Mientras algunos siguen buscando nombres, otros ya están estudiando estructuras.
Y allí es donde se está definiendo la diferencia entre detectar un riesgo o convertirse en parte de él.
La lección que deja esta decisión de la OFAC es clara.
Las listas seguirán siendo importantes.
Nadie discute eso.
Lo que cambió es la forma de entender el riesgo.
Porque el riesgo más peligroso rara vez llega identificado.
No anuncia su presencia.
No toca la puerta.
No aparece necesariamente en una lista.
Muchas veces se sienta en la mesa de negociación.
Firma contratos.
Abre cuentas.
Constituye empresas.
Y aparenta absoluta normalidad.
Por eso sigo creyendo en una regla que me ha acompañado durante años:
Sigue el dinero y conseguirás al lavador, al criminal y a quienes lo rodean.
Las listas ayudan.
Las estructuras explican.
Y quien entiende las estructuras suele llegar mucho más lejos que quien solamente revisa nombres.
Alejandro Rebolledo
Abogado Penalista | Dr. en Derecho. Especialista en Crimen Organizado Transnacional, Riesgos y Compliance


