Por qué Wall Street cambió su opinión sobre criptomonedas

El cambio de rumbo ha aumentado el temor a que la fiebre por las criptomonedas ponga en peligro las cuentas bancarias personales de maneras que Wall Street y Washington apenas empiezan a comprender.

No hace mucho, los ejecutivos bancarios competían entre sí por ser el crítico más estridente de las criptomonedas.

Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, en una ocasión comparó el bitcóin con tener una roca como mascota, y dijo que debería prohibirse todo el sector de las criptomonedas. Brian Moynihan, del Bank of America, describió este espacio como una “herramienta imposible de rastrear para el lavado de dinero”, mientras que el director ejecutivo de HSBC proclamó sin rodeos: “No nos interesa el bitcóin”.

Ahora los grandes bancos no pueden dejar de hablar de las criptomonedas.

En llamadas a inversores, presentaciones públicas y reuniones con los reguladores de Washington, los ejecutivos financieros se tropiezan unos con otros para revelar nuevos planes, incluido el desarrollo de nuevas criptomonedas bajo el paraguas de los bancos y préstamos vinculados a activos digitales.

Hay una gran mezcla de oportunismo político en juego, dado que el presidente Donald Trump y su familia son vociferantes promotores e inversores de criptodivisas. Y, por supuesto, existe cierto grado de clásicos celos entre los financieros tradicionales por las riquezas obtenidas por empresas e inversores antaño marginales, ya que el bitcóin se ha duplicado con creces en el último año y ha sobrepasado los 100.000 dólares.

Pero entre bastidores, en las principales instituciones financieras —y en marcado contraste con la fanfarronería pública de los altos ejecutivos— también va en aumento el temor a que la fiebre por las criptomonedas pueda poner en peligro la seguridad de las cuentas bancarias personales de maneras que Wall Street y Washington apenas empiezan a comprender.

Las preocupaciones, descritas por nueve ejecutivos de Wall Street informados sobre las iniciativas de criptomonedas de sus organizaciones pero no autorizados a hablar públicamente en nombre de sus empleadores, se enfocan en la creación de un nuevo sistema interbancario de cuentas corrientes y pagos basado en la tecnología de criptomonedas y de cadena de bloques. Dicho sistema contaría con escasas protecciones para el consumidor y una incipiente supervisión regulatoria.

El sistema, que está siendo esbozado por altos ejecutivos y abogados de grandes bancos como JPMorgan, Bank of America y Citi, implica un complicado rincón del ecosistema de las criptodivisas llamado criptomoneda estable, o stablecoin.

Las criptodivisas estables funcionan como un pagaré digital. Su valor está vinculado al dólar estadounidense, a diferencia de las criptodivisas como bitcóin, que no tienen esa limitación y, por tanto, su precio puede fluctuar drásticamente.

Así es como funcionarían a gran escala: un cliente bancario deposita su dinero en el banco y recibe a cambio una reserva de criptomonedas estables. El consumidor puede utilizar estas monedas, por ejemplo, para enviar dinero al extranjero o realizar pagos internacionales más económicos que con transferencias bancarias.

Los fondos que un cliente intercambia por criptodivisas estables equivalen, para el banco, a una ganancia garantizada.

Esto se debe a que una ley federal aprobada este verano con apoyo bipartidista obliga a los bancos a tomar el dinero que reciben por las stablecoins e invertirlo en bonos del Estado y otros activos prácticamente sin riesgo. Esos bonos generan intereses, que el banco se queda. A diferencia de las cuentas bancarias tradicionales, estos ahorros no generan ni siquiera un interés nominal para los depositantes.

Otro gran cambio: las criptomonedas estables evitan la práctica centenaria del seguro federal automático de depósitos. Si fallan, no hay garantía de respaldo gubernamental.

Los banqueros dicen que las criptomonedas estables, si se adoptan de forma generalizada, podrían suponer un cambio radical en el engranaje de su sector, y tienen el potencial de trastocar un siglo de prácticas bancarias aceptadas.

Una de las razones es que el dinero que un cliente deposita en un banco a cambio de una criptodivisa estable no puede prestarse del mismo modo que el dinero depositado en una cuenta corriente o de ahorro tradicional.

Todo dólar que entra en una criptomoneda estable y no en una cuenta bancaria tradicional de un consumidor esencialmente reduce el tamaño de la cartera de préstamos de un banco y la base de depósitos del banco en general. Esto significa que los bancos podrían tener menos depósitos con los que conceder préstamos hipotecarios o empresariales, lo que, según advirtió la semana pasada el Banco de la Reserva Federal de Kansas City, podría tener consecuencias imprevistas para la economía.

“El genio ha salido de la botella”, dijo Mike Cagney, exdirector ejecutivo de SoFi y ahora director del prestamista digital Figure. Predijo que el auge de las stablecoins se produciría a expensas de los depósitos bancarios. “No se necesita una gran fuga de depósitos para que los bancos se vean realmente afectados”, dijo Cagney.

No todo el mundo está de acuerdo en que el resultado vaya a ser cataclísmico.

“Las cuentas corrientes de los consumidores probablemente estén a salvo”, dijo Tim Spence, director ejecutivo de Fifth Third, un banco de Cincinnati con 210.000 millones de dólares en activos, cuyas raíces se remontan a 1858. Tiene previsto aceptar criptomonedas estables emitidas por un gran grupo de bancos.

En privado, sin embargo, muchos veteranos del sector crediticio están molestos por la rapidez con que se están produciendo los cambios.

“Si el sector bancario fuera totalmente franco”, dijo un destacado abogado bancario, “dirían que ojalá nunca se hubieran inventado las stablecoins”.

Wall Street lleva años mordisqueando los bordes de las criptomonedas.

Los bancos de inversión ya han asesorado a empresas de criptomonedas con cotizaciones públicas y emisiones de bonos (cobrando comisiones en el proceso). Goldman Sachs ofrece a clientes adinerados préstamos basados en sus tenencias de criptomonedas desde 2022.

Las unidades de corretaje de los grandes bancos ayudan a los clientes importantes a comprar fondos de inversión con exposición a las criptomonedas y, en algunos casos, ayudan directamente a los clientes a poseer criptomonedas ellos mismos.

Sin embargo, los primeros años del gobierno de Trump y de Joe Biden supusieron un retroceso, ya que los bancos aislaron de sus redes a las empresas e inversores de criptomonedas ante la presión de algunos reguladores escépticos.

Finalmente, JPMorgan, a pesar de la antipatía pública de Dimon por las criptomonedas, creó un equipo de varios cientos de empleados para estudiar cómo ganar dinero con las criptodivisas y empezó a probar un activo digital nicho, JPM Coin, para experimentar con pagos digitales para clientes comerciales. No prosperó.

En los últimos meses, JPMorgan ha asignado a un equipo de investigadores internos la tarea de desenterrar documentos legales relacionados con la era de la llamada banca arriesgada de hace dos siglos. En aquella época, cientos de bancos estatales emitían sus propias monedas. Los investigadores de JPMorgan estudiaban si algunas de esas leyes inactivas se aplicaban al plan actual del banco de crear su propia criptomoneda estable.

Sin embargo, descubrieron algo más. En aquella era arriesgada, reinaban el fraude y las quiebras bancarias. Dicho tumulto se solucionó solo con la creación del primer billete del Banco Nacional de Estados Unidos, predecesor del dólar estadounidense moderno. Solo lo emitían los bancos nacionales oficiales, uno de los cuales fue el precursor de JPMorgan Chase.

Trump, quien, al igual que los banqueros más importantes del país, solía ser un escéptico de las criptomonedas, durante su segundo mandato ha trabajado para introducir las criptodivisas en la corriente dominante.

Este verano, Trump promulgó la Ley GENIUS (Orientación y Establecimiento de Innovación Nacional para las Criptomonedas Estables de Estados Unidos, por su sigla en inglés), aprobada por el Congreso durante lo que los republicanos llamaron “la semana de la criptodivisa”.

La ley creó una vía para que los bancos operen con criptomonedas estables vinculadas al dólar estadounidense, considerado durante mucho tiempo la moneda mundial más estable debido a la fiabilidad de la economía estadounidense.

nytimes

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