El plan presentado exigiría a las entidades crediticias centrar sus recursos en la gestión de riesgos, prestando mayor atención a los clientes y actividades de mayor riesgo. El plan estará abierto a comentarios públicos durante 60 días.
Los bancos estadounidenses están obligados a tomar medidas para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, entre otros problemas, aunque algunos críticos han expresado su preocupación de que este sistema, si bien bienintencionado, pueda generar problemas para ciertos clientes.
Durante el último año, los reguladores han tomado medidas para abordar algunos de estos problemas, como la exclusión de entidades bancarias, es decir, la práctica de privar a ciertas personas y empresas de servicios bancarios.
El gobernador de la Reserva Federal, Michael Barr, se opuso a la propuesta, diciendo que le preocupaba un nuevo estándar «significativo o sistémico» que podría tener efectos desconocidos.


