Criptomonedas, la nueva ruta del dinero del Tren de Aragua

En una entrevista exclusiva realizada por Perú21 en Tucson, Arizona, Michael T. Rose, agente Especial Adjunto en Funciones a Cargo de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, por sus siglas en inglés), habló sobre los desafíos que enfrentan los investigadores para rastrear el dinero del crimen organizado.

Hizo hincapié en el papel cada vez mayor de las criptomonedas en estas operaciones y la manera en que sus agentes son entrenados para identificar cuándo una persona les está mintiendo durante un interrogatorio.

En junio de 2026, la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) desarticuló una red de lavado de activos vinculada al Tren de Aragua que movió unos 85 millones de dólares mediante criptomonedas y cuentas bancarias, en un operativo que incluyó la detención de un ejecutivo de Banco Santander.

Según registros societarios citados por PanAm Post, una de las empresas fachada usadas en ese esquema, tiene una contraparte constituida en Miami, Estados Unidos, con domicilio postal cercano a Miami Beach.

Hay que recordar que el Gobierno estadounidense, por su parte, ha designado al Tren de Aragua como organización criminal transnacional. La organización venezolana ya había desplegado esquemas de lavado similares en Perú desde fines de 2023, cuando la Policía Nacional advirtió que la facción conocida como la Dinastía Alayón blanqueaba fondos provenientes de la explotación sexual y la extorsión a través de empresas fantasma.

¿Qué tan complicado es rastrear el dinero de las organizaciones criminales como el Tren de Aragua?

Es complicado, sobre todo porque se trata de organizaciones que no usan bancos. Si están contrabandeando efectivo a granel, eso ya es difícil. La criptomoneda también lo es. Pero contamos con investigadores muy bien entrenados que dedican toda su carrera al lavado de dinero, y nos apoyamos en ellos para desarrollar esas investigaciones. También dependemos de nuestros socios de las fuerzas del orden en países de Centro y Sudamérica. A veces nos encontramos con el problema de que algo que es ilegal en Estados Unidos no lo es en otros países, y entonces, si no es ilegal allá, muchas veces esas autoridades no pueden ayudarnos. Aun así, se necesita mucha experiencia, mucho trabajo minucioso revisando registros y buenas entrevistas con los acusados para construir esos casos.

¿Cómo ha cambiado el auge de la criptomoneda este tipo de investigaciones?

Lo ha cambiado bastante. Muchas organizaciones criminales son muy sofisticadas: empezaron a usar criptomonedas mucho antes de que las autoridades supieran cómo investigar ese tipo de delitos. Así que, en parte, las fuerzas del orden hemos tenido que aprender mientras el crimen organizado ya sabía cómo hacerlo, y sigue perfeccionándose. Tenemos gente muy capacitada que ha trabajado casos de dinero en efectivo o de lavado de dinero basado en comercio, donde en realidad no se mueve dinero: las ganancias de la actividad criminal se usan para comprar mercancía, esa mercancía se traslada y se vende, y así es como se mueve el valor. Usamos esa experiencia y ajustamos un poco el mecanismo para seguir investigando, aunque la tecnología de la criptomoneda en sí ha sido un reto. Pero tenemos investigadores muy inteligentes que la han aprendido y están logrando buenos casos.

Los agentes del HSI en el aeropuerto que detectan a personas con drogas dicen tener un entrenamiento para “oler el crimen”. ¿Cómo se logra eso?

Yo diría que es más bien percibirlo, saber cuándo, al hablar con alguien, esa persona parece honesta, si te está diciendo la verdad o no. Yo trabajé muchos años en un aeropuerto en Detroit y hablé con muchísima gente. Tú eres periodista, también has entrevistado a mucha gente: puedes notar cuándo alguien te miente, cuándo se está inventando algo o cuándo te dice la verdad. Nuestros agentes de HSI son iguales: hablan con muchísimas personas, con miembros del público y con criminales. Es cuestión de experiencia, de aprender qué historia es lógica y cuál no tiene sentido. A veces solo tenemos dos o tres minutos para hablar con alguien y decidir si le creemos o si vamos a necesitar más tiempo con esa persona.

Cuando no tienen suficiente tiempo, ¿cuánto más se demoran con alguien que no está diciendo la verdad?

Depende. En HSI no trabajamos como en el control de aduanas, donde uno pasa por la ventanilla, te revisan el pasaporte y las maletas y te preguntan si tienes algo que declarar. Eso no es lo que hace HSI. Si alguien pasó por aduanas, dijo que no tenía nada que declarar y luego aduanas le abrió la maleta y encontró dinero en efectivo o artefactos robados de Egipto, por ejemplo, entonces nos llaman a nosotros. Y ahí sí tomamos todo el tiempo que necesitemos para entender por qué esa persona trae 200 mil dólares desde Perú, cómo los consiguió y por qué los está llevando a Estados Unidos. Cuando HSI investiga, tenemos todo el tiempo que haga falta.

¿Eso podría ser una hora, cuatro horas…?

Una hora, un mes. No un mes con la persona sentada ahí, pero si en una entrevista creo que alguien me está mintiendo, voy a obtener toda la información posible de esa persona. Luego puede irse: no está siendo arrestada, es libre de irse. Pero yo sigo investigando para entender por qué traía todo eso, si está cometiendo un delito o si es un negocio legítimo. Puedo seguir investigando después de que la persona haya tomado su próximo vuelo. Muchos de nuestros casos duran meses, incluso años.

Y si después encuentran algo, ¿podrían arrestar a esa persona ya estando en su país de origen?

Así es.

peru21

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